sábado, 23 de octubre de 2010

«Lectio divina»: meditación orante de la Sagrada Escritura.

El «Lectio divina» se remonta a los primeros cristianos. El primero en utilizar la expresión fue Orígenes (aprox. 185-254), teólogo, quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho es necesario hacerlo con atención, constancia y oración. Más adelante, la «Lectio divina» se convirtió en la columna vertebral de la vida religiosa. Las reglas monásticas de Pacomio, Agustín, Basilio y Benito harían de esa práctica, junto al trabajo manual y la liturgia, la triple base de la vida monástica. La sistematización de la «Lectio divina» en cuatro peldaños proviene del siglo XII. Alrededor del año 1150, Guido, un monje cartujo, escribió un librito titulado «La escalera de los monjes», en donde exponía la teoría de los cuatro peldaños: la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Con esta escalera los monjes suben al cielo.

La «lectio divina» es una manera de entrar en diálogo con el Dios que nos habla a través de su Palabra.

Podemos representar gráficamente el itinerario de la «lectio divina» de esta manera:

LECTURA. ¿Qué dice el texto?
• Leer el texto de manera atenta y respetuosa.
• Detenerse (estar-reposar) sobre el texto.
• Descubrir el mensaje de fe.

MEDITACIÓN. ¿Qué me dice el texto?
• Ponerse ante el espejo de la Palabra.
• Interiorizar.
• Ahondar en la propia vida.

ORACIÓN. ¿Qué me hace decirle a Dios?
• Orar la Palabra: pido, alabo, agradezco, suplico…

CONTEMPLACIÓN.
• Dios se me da a conocer con la experiencia del corazón.
• Serenidad ante el misterio de Cristo.

COMPROMISO. ¿Qué camino de vida me invita a tomar?
• Ver la realidad con la mirada de Dios.
• Configuración con Cristo y vida en el Espíritu.
• Anuncio, compromiso y caridad.

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