La alegría es un elemento presente en estas fechas: dondequiera sentimos un ambiente dispuesto a la risa, a la paz, al consenso, a la dicha. Y “sentir la alegría en el ambiente” nos hace sentir nostalgia y desear, para todos los que nos rodean, una alegría verdadera y permanente. La experiencia colectiva de alegría es motivo de fiesta y nos ayuda a construir una comunidad donde la vida sea lo que se celebre. Fomentar la alegría nos estimula a la valoración de nosotros mismos y de los demás por lo que somos, no por lo que tenemos. Refuerza nuestra autoestima y el reconocimiento de los demás. Reafirma nuestro gusto por el solo hecho de existir. Hace más profunda y sólida la esperanza.


La presencia del Señor no deja de traer consecuencias: “Fortalezcan las manos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los cobardes: ¡Ánimo, no teman!... Se despegarán los ojos de los ciegos, los oídos de los sordos se abrirán, saltará el cojo como un ciervo, la lengua del mudo cantará”. Tal liberación es razón y causa de dicha: “Llegarán a Sión entre gritos de júbilo; una alegría eterna iluminará su rostro, gozo y alegría los acompañarán, la tristeza y el llanto se alejarán”.

Reflexionemos:
- ¿Qué cosas, acontecimientos, personas, son motivo de alegría para ti, para tu familia y para la comunidad a la que perteneces?
- En este Adviento, ¿Qué puedes hacer para que en otras personas crezcan la alegría?
Fuente: Preparemos la fiesta. Adviento y Navidad
. Editorial Paulinas.