
Posiblemente te sientas presionado ante múltiples ocupaciones y el deseo de tener tu vida entre tus manos. Ante todo no culpes a las circunstancias externas o a tus numerosos compromisos de tu falta de tiempo, sino toma conciencia de que es tu responsabilidad hacer la síntesis entre tu ser íntimo y tu ser para los demás.


Solo en Jesucristo tu vida adquiere consistencia y solidez, en una palabra se unifica. Solo en Él encuentras tu unidad el día en que colocas tu centro de gravedad en Dios. Tu existencia logra entonces una estabilidad que echa raíces en la eternidad. No existe una receta práctica para unificar tu ser alrededor de la presencia de Dios. No se puede llegar a ella leyendo tres tratados como si se tratase de aprender el inglés en un par de meses.
No puedes pretender vivir en esta presencia de una manera habitual si no consagras largos ratos a estar en su presencia, esperando su visita y su voluntad. Es algo más allá de las ideas, de las palabras y de los sentimientos. Al mismo tiempo, sin que dependa de ti, te penetrará e invadirá esa experiencia del Dios sumamente cercano, y podrás decir con Mounier: "Mi única regla, es el tener continuamente, sin cesar, el sentimiento de la presencia de Dios".
Fuente: es.catholic.net