
Cada hombre y cada mujer estamos llamados a buscar el sentido de nuestra condición humana en cuanto varón o en cuanto mujer; a ser una experiencia de vida única e intransferible, a vivir nuestra condición humana de manera distinta e irremplazable, a ser igual que otros y ser, al mismo tiempo, originales; esta llamada a ser yo, es una vocación. La vocación humana, la vocación a ser personas.

Esta primera vocación que tenemos en común tiene diferentes aspectos que están estrechamente relacionados entre sí: La relación con uno mismo, con los otros y con la trascendencia (con Dios).
La primera llamada que nos hace Dios es a la vida, a existir como seres humanos. La tarea del hombre es construirse como persona, persona que se conoce a si misma, que actúa en libertad, que vive de valores, que tiene una relación positiva con los otros.

La vocación a ser persona se descubre, en primer lugar, dentro de uno mismo, cuando aprendemos a estar en silencio consigo mismo y llegamos a descubrir los propios valores, aspiraciones y posibilidades.
También se va descubriendo fuera de uno mismo, al saber "mirar" fuera: sobre todo a las personas de verdad, a su forma de vivir.
Cuando una persona va descubriéndose como vocación, va viviendo en la línea de la persona; y cuando más auténticamente se vive, mejor puede ir descubriéndose como persona.
Es importante que como jóvenes decidamos en que dirección seguir, que tengamos ideales altos, que nos esforcemos por formarnos un carácter que sea fuerte, rico y coherente, que sea libre y responsable y a la vez sensible a los valores verdaderos. Caminar por senderos de la verdad, sinceridad y autenticidad a ejemplo del nuestro Maestro Jesucristo.
Fuente: http://www.pastoraljuvenilmty.org.mx/, parroquiaicm.wordpress.com, http://jesuitasven.blogspot.com