
Cada vocación es un misterio. Dios sonríe y espera un sí libre, sincero. Quiere que le amemos, que le demos lo que somos, sin límites, sin condiciones. Quiere que seamos felices en sus manos, que
confiemos, que sigamos sus huellas, camino del Calvario, hacia un Sepulcro vacío que nos habla de Vida y de Esperanza.

Dar un sí a Dios no es fácil si falta amor. Dios no subyuga con la fuerza ni con amenazas. Su voz es suave, discreta, respetuosa. Invita y calla, susurra y deja tiempo. Hay quien le sigue pronto, sin miedos, y hay quien retrasa su respuesta, meses, años, para seguir planes vacíos, proyectos huecos, fuera del sueño de un Dios bueno.
Cuando sopla el viento de la tarde, Dios espera. Quizá hoy un joven piensa,
Otros esperan, cerca o lejos, el sí de cada nueva vocación. El silencio de la noche revela voces que rezan a Dios, como Cristo un día, para pedir que envíe más obreros, pues la mies es mucha, la cosecha está ya lista, el cielo tiene abiertas sus puertas con el triunfo de la Pascua.
No hay anuncio sin anunciadores. No hay salvación sin fe en el mensaje. Un mensaje que es llevado a todo el mundo a través de mensajeros frágiles y decididos, que escuchan la voz de Dios, en una tarde de silencios: “Ven y sígueme”...
Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.