
Pero, ¿para qué estoy en el mundo? Evidentemente, para ser yo mismo, para realizarme según mi vocación. ¿Cómo llegar a ser uno mismo? Solo seré yo mismo si soy para los demás, más allá de mi individualidad y más allá de los grupos humanos a los que pertenezco.

Dios nos ha dado muestras más que suficientes para fiarnos de Él. A través de Jesucristo nos ha mostrado la vocación última a la que nos
Todos los cristianos estamos llamados a concretar esta actitud fundamental en una vocación específica. El Señor sigue suscitando vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales que se comprometan con la misión de su Iglesia de anunciar a todos los hombres la buena noticia.
Oremos, confiando en Dios que tiene la iniciativa en toda llamada vocacional, en todos los ámbitos y espacios eclesiales: en las familias y en las parroquias, en los movimientos y grupos apostólicos, en las comunidades religiosas, en las diócesis.