lunes, 29 de junio de 2009

Clausura del Año Paulino e inicio del Año Sacerdotal



“Ha sido un verdadero tiempo de gracia en el que mediante las peregrinaciones, las catequesis, las numerosas publicaciones, y las distintas iniciativas la figura de san Pablo se ha vuelto a proponer en toda la Iglesia y su vibrante mensaje ha reanimado y reforzado en cualquier parte, a las comunidades cristianas, la pasión por Cristo y por el Evangelio. Demos por tanto gracias a Dios por el Año Paulino y por todos los dones espirituales que nos ha traído”.

La divina Providencia ha dispuesto que precisamente hace pocos días, el pasado 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, fuera inaugurado otro año especial: el Año Sacerdotal, en ocasión del 150 aniversario de la muerte de Juan María Vianney, el santo Cura de Ars.

"Esta celebración ha significado un ulterior impulso espiritual y pastoral, que ciertamente dará tantos beneficios al pueblo cristiano y especialmente al clero. Este año quiere contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes para un más fuerte e incisivo testimonio evangélico en el mundo de hoy”.

A este respecto, el Apóstol Pablo constituye un modelo espléndido a imitar, no sólo en la concreción de la vida, la suya de hecho es extraordinaria sino en el amor por Cristo, en el celo por el anuncio del Evangelio, en la entrega a la comunidad, en la elaboración de eficaces síntesis de teología pastoral.

San Pablo es ejemplo de sacerdote totalmente identificado con su ministerio, como después lo fue también el Santo Cura de Ars, conciente de ser portador de un tesoro inestimable, es decir, el mensaje de la salvación, pero de llevarlo en una “vasija de creta”; por ello es fuerte y humilde a la vez, íntimamente persuadido que todo es mérito de Dios, que todo es por su gracia.

“El amor de Cristo nos posee” -ha dicho el Papa, recordando las palabras que escribe el Apóstol- y esto bien puede ser el lema de todo sacerdote “forzado por el Espíritu”, para hacer de él un fiel administrador de los misterios de Dios: “el presbítero deber ser todo de Cristo y todo de la Iglesia, a la cual está llamado a dedicarse con amor indivisible, como un esposo fiel hacia su esposa”.

El Pontífice, junto a los santos apóstoles Pedro y Pablo, ha invocado la intercesión de la Virgen María, para que obtenga del Señor abundantes bendiciones para los sacerdotes durante este Año Sacerdotal que acaba de iniciar: “Que Nuestra Señora, que Juan María Vianney tanto amó e hizo amar a sus feligreses, ayude a cada sacerdote a reavivar el don de Dios que está en él, en virtud de la santa Ordenación, para que así crezca en la santidad y esté preparado a dar testimonio, -si es necesario, hasta el martirio-, de la belleza de su total y definitiva consagración a Cristo y a la Iglesia”.

Fuente: Servicio de información Católica

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