sábado, 26 de diciembre de 2009

La navidad es una verdadera fiesta

Quizás existan pocas palabras como “Navidad”. Ella suele evocar un sin fin de símbolos y emociones ligadas mayormente a la familia. Nos inspira paz, nos motiva a la solidaridad, expresa la certeza del cariño de otros y la esperanza en el porvenir. La apropiación ilegítima que ha hecho el mundo del comercio de la Navidad no ha logrado destruir la sencillez de María, José y el Niño en nuestros hogares; no ha podido robar o ponerle precio a la gratitud, a la alegría y a los deseos de una paz fundada en la ayuda y la estima de los otros.

La Navidad nos descubre el valor sagrado de la vida humana, aquella que asumió Jesús, hasta sus últimas consecuencias. Por ello es preparada con antelación y, como toda fiesta, celebra el más grande don que posee una persona: la vida.

La Navidad se enmarca en un tiempo, pero a la vez le trasciende; si bien es vivida en una época específica, es pregustada y deja huellas a lo largo del año. Rompe nuestra rutina diaria, y ella es expresado mediante diversos gestos: asueto laboral, preparación de adornos y comidas especiales, música apropiada y, frecuentemente, concebida para la ocasión (villancicos, aguinaldos, himnos, gaitas…) y hasta usamos la mejor ropa que tenemos, con frecuencia estrenada para la ocasión.

Esta ruptura con lo cotidiano permite a toda persona encontrarse consigo misma, alejada ya de los rituales creados en lo cotidiano: la verdadera fiesta sucede en lo profundo del ser humano y se refleja en el corazón de su grupo humano, de la comunidad. Lleva a todo hombre y mujer a preguntarse por el sentido de la vida y a responsabilizarse por edificarlo. La fiesta auténtica se vive en el compromiso personal, en la solidaridad con los demás y en la esperanza.

La Navidad es el tiempo donde la espera se hace activa, en la cual la entrega a los demás se convierte en fuente de alegría. Nos descubrimos, entonces, a semejanza del mismo Dios que, por amor, no se ha reservado nada de sí y se nos ha entregado asumiendo nuestra condición, hasta sus últimas consecuencias.

Para reflexionar
a. ¿Qué sucede después que se celebra una fiesta? ¿De qué forma se refuerzan los lazos entre los más cercanos: los familiares, los amigos, los vecinos?

b. Nuestra sociedad ha desvirtuado el sentido de la fiesta, convirtiéndola en algo superficial y pasajero. ¿Cómo ha influido esta realidad en tu preparación a la Navidad?

c. ¿Qué le da verdadero sentido a las celebraciones?

Fuente: Preparemos la fiesta. Adviento y Navidad. Editorial Paulinas.

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