sábado, 22 de enero de 2011

La conversión y vocación misionera de San Pablo

Después de la muerte de Esteban la Iglesia de Jerusalén se encuentra fuertemente perse­guida. Los cristianos helenistas escapan de Jeru­salén y se dispersan por otras ciudades.

Lucas enfatiza que Pablo perseguía a los cris­tianos para hacernos comprender que su con­versión es un puro don de Dios, que es él quien toma la iniciativa. En Pablo, Jesús quiso mos­trar de forma muy evidente que él vino al mundo para salvar a los pecadores, para ejerci­tar su misericordia.

El Apóstol nunca dejó su pasado ni su fe judía, sino que, al conocer a Jesucristo, lo reco­noció como el cumplimiento de toda la espe­ranza que tenía Israel en el Mesías. Pablo nos manifiesta que en su vida se ha producido un cambio fundamental.

- El encuentro con Cristo resucitado, el Mesías, transforma su vida.
- La salvación es para todos los pueblos.

En los Hechos de los Apóstoles encontramos el relato de la conversión en tres lugares distintos:
- La primera narración la hace Lucas en Hech 9, 1-19.
- La segunda narración es el discurso que Pablo pronuncia a los judíos de Jerusalén, donde da detalles de su conversión: Hech 22,4-21.
- La tercera narración dice Lucas que es el relato de Pablo al rey Agripa: Hech 26, 9-18.

El acontecimiento de la conversión tiene seis momentos importantes:

1) Encuentro de Pablo con Jesús: la luz y la voz.
Este encuentro sucede en el camino de la vida. En viaje hacia Damasco, a medio día, Pablo se vio envuelto por una gran luz. Cayó en tierra, como Ezequiel (1, 28), cuando tuvo junto al río Kedar la visión de la gloria de Dios, y como Daniel (Dn 8,17-18), quien también cayó rostro en tierra cuando Dios se le acerco en la visión.

La repetición del nombre de Pablo, con el cual Cristo se dirige a él, nos evoca las grandes reve­laciones de Dios a Abraham, Moisés o Jacob (Gn 22, 1). Y la pregunta de Jesús: "¿Por qué me persigues?" nos hace ver que Cristo se identifi­ca con aquellos a quienes Pablo perseguía.
Pablo tiene que cambiar sus planes y su cami­no de manera total y radical, pues todo lo que hacemos a los discípulos lo hacemos a Cristo mismo (Mt 10, 20).

2) Pablo camina ciego a Damasco.
"Te será dicho lo que tendrás que hacer". Pablo queda ciego y la gente de la caravana lo guía hasta Damasco.

Pablo pasa tres días sin comer ni beber. La ceguera física es símbolo de la ceguera espiri­tual. Los tres días de esta prueba también nos recuerda a Cristo, que permaneció tres días en el sepulcro.
3) Pablo con Ananías.
Ananías recibió a Pablo en la comunidad cris­tiana, pero fue Jesús quien lo sanó y lo hizo su apóstol; Ananías fue un instrumento del Señor. Pablo se llenó del Espíritu Santo y se le caye­ron las escamas de los ojos, como sucedió a Tobit (Tob 11, 11), a quien Tobías curó de la ceguera para que pudiera ver a su hijo, figura del Hijo que verá Pablo. El Apóstol tendrá siempre en su mirada al Hijo de Dios, su Señor.

4) Bautismo.
Después de recobrada la vista, Pablo recibe su bautismo: `Levántate, ponte de pie'. Se levantó y fue bautizado" (Hech 9,18). El Apóstol nos dice más tarde: "¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también noso­tros llevemos una Vida nueva" (Rom 6, 3-4).

5) Apóstol perseguido.
Pablo dice: "Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gra­cia, se complació en revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y des­pués regresé a Damasco" (Gal 1, 11-17).

6) Pablo en la Iglesia de Antioquía.
Así como Jesús, en el Evangelio, eligió y envió a los Apóstoles, Lucas nos muestra que el Espíritu Santo eligió y envió a Pablo y Bernabé a la misión.

"En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Sirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: 'Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado'. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre (Hech 13,1-4).
PARA REFLEXIONAR
1) ¿Cuál es mi Damasco?
2) ¿Qué palabra de Dios escuché en mi camino?
3) ¿Qué luz me iluminó y qué actitud surgió en mi?
4) ¿Acepto las mediaciones de la Iglesia? ¿Cuáles?
5) ¿Cuándo fui bautizado/a?
6) ¿Cómo vivo el Bautismo, el estar sumer­gido/a en Cristo?
7) ¿Anuncio a Cristo con mi vida de amar hasta incomodar a los otros?
8) ¿Realizo la misión como enviado/a por la comunidad?


ORACION CONCLUSIVA
“Jesús, te alabo por haber convertido a Pablo de perseguidor en incansable apóstol de la Iglesia.
San Pablo, intercede por mí ante el Señor, para que me conceda un corazón abierto a su gracia, la liberación de mi egoísmo, la conversión y una plena configuración de mi vida con la de Jesucristo”. Beato Santiago Alberione


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Beato Santiago Alberione - Fundador de las Hijas de San Pablo (Paulinas)

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