sábado, 31 de julio de 2010

Espiritualidad Paulina - Seguir a Cristo



Para San Pablo, la espiritualidad significó “vivir” en Cristo y apreciar los dones del Espíritu otorgados para “construir el Cuerpo de Cristo” aquí y ahora. No se puede hablar del seguimiento de Cristo, del proceso de la vida cristiana, de la fraternidad, de la oración, de la espiritualidad cristiana sin entrar de fondo en lo que es la vida en Cristo. Por eso Pablo no se cansa de repetir la frase “ser en Cristo.” El cristiano existe en Cristo (1Cor. 1-2; Rom. 8,1), es uno en Cristo (Gal. 3, 28), y es santificado en Cristo (1 Cor. 1,2).

La culminación de ser en Cristo y de ser habitados por Dios, es vivir en El: el Espíritu de Dios habita en vosotros (Rom. 8, 9,11); no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mi (Gal.2, 20).

Estar en Cristo, participar de la vida que él tiene y es, recibida del Padre, es el centro y el fundamento de la existencia del creyente, y la máxima plenitud a la que todos podemos aspirar. Es conocer al Padre, amar al Padre, confiar en el Padre, vivir en comunión con el Padre, escuchar al Padre. (Col. 1,9-10).

No existe una manera rápida para alcanzar este reto, para convertirnos a Dios y transformar nuestras vidas. Exige años de esfuerzo, de búsqueda, de escuchar todo de la vida, de aprender a escuchar la voz de Dios.

En medio del ruido ensordecedor de la vida diaria, escucha con el corazón de Cristo. Escucha con oído de amante. Escucha la voz de Dios. Escucha en tu propio corazón el sonido de la verdad.

Hasta que algún día podamos escuchar a aquellos que amamos, pero sobretodo podamos llegar a amar a los que nos desagradan y descubrir que la santidad está aquí y ahora. Entonces podremos recoger la cosecha de toda una vida de conocer a Cristo, de ser en Cristo, y afirmar con san Pablo: «vivo, no yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gal.2,20)

Autor: Irma Hernández Torres
Fuente: http://cartapalabrayespada.blogspot.com

sábado, 24 de julio de 2010

Solo el amor da felicidad a la vocación.

La vocación cristiana, vocación a la santidad, ha de vivirse siempre en el contexto de un "amor casto", es decir, un amor fiel a Dios y a la persona amada. Pero ese amor casto puede vivirse de dos formas fundamentales: en el matrimonio y en el celibato por el Reino. El amor entre los esposos cristianos tiene que ser "casto", es decir, fiel hasta el fondo. El amor de un bautizado que se entrega de forma personal y exclusiva a Cristo por los demás, tiene que ser igualmente fiel hasta el fondo.

El capitulo trece de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, es conocido como “el cantar de los cantares del nuevo testamento”, es un poema hermoso sobre el amor. Cristo vino al mundo a anunciar el amor, a invitarnos a vivir la civilización del amor, con el amor todo tiene esencia, sin el amor nada lo tiene.

Cuando hablamos de una vocación sacerdotal o religiosa, es aún más delicado el tema del amor, pues somos quienes evangelizamos y anunciamos la buena noticia, que es noticia de amor. El testimonio es el mejor medio por el que se puede enseñar y anunciar el evangelio, si el testimonio verdaderamente es cristiano es mucho más fácil contagiar al otro de estas actitudes, que simplemente anunciando de palabra, la vocación religiosa requiere un compromiso grande y personal, es solo entre Dios y yo, tal vez sea afianzada o animada por otras personas que han sido medio divino para el llamado, pero quien responde a este llamado y le da el sentido que merece es solo quien ha sido llamado, y si ha sido elegido es porque tiene grandes dones recibidos de Dios, y para “explotar” ese potencial que se tiene y para dar el “si” al llamado de Dios, solo se necesita amor, nada más, solo amor pues contiene todo lo bueno, es eso lo que da la esencia de la vocación, lo que da la eternidad a la vocación, lo que da felicidad a la vocación, solo el amor.

Fuentes:
1. Jhon Nicolás Vallejo Santamaría
2. www.hermandades-de-sevilla.org

sábado, 17 de julio de 2010

VOCACIÓN-CONVERSIÓN de Pablo en la carta a los Gálatas

¿Por qué se llama “Carta a los Gálatas”?

El nombre de esta epístola hace directa a los destinatarios de la misma (como todas las cartas atribuidas a san Pablo). En este caso particular, se trata de los cristianos de Galacia.



Gracias a lo que el mismo san Pablo escribe a los Gálatas, podemos concluir que la Carta surgió a raíz de un serio inconveniente que se presentó en la comunidad cristiana de Galacia, que en su mayoría estaba compuesta por creyentes de origen pagano.


Gálatas 1,11-24:
11Porque les hago saber, hermanos, que el evangelio que les prediqué, no es según el hombre, 12ni tampoco lo recibí de persona alguna ni me fue enseñado, sino que lo recibí, por revelación, de parte de Jesucristo.

13En efecto, ustedes han escuchado de mi conducta anterior, en el judaísmo, de cómo perseguía implacablemente a la Iglesia de Dios y trataba de destruirla; 14y cómo sobresalía en el judaísmo sobre muchos de mis contemporáneos, de la misma edad, pues tenía un mayor celo por las tradiciones de mis antepasados.

15Pero cuando (Dios), el que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia, le pareció bien 16revelar en mí a su Hijo, para que lo anunciara entre las naciones, no consulté enseguida con ninguna persona; 17tampoco subí a Jerusalén, a los que eran apóstoles antes que yo, sino que me fui a Arabia y después volví a Damasco.

18Entonces, después de tres años, subí a Jerusalén a conocer a Céfas, y permanecí con él quince días. 19De los otros apóstoles, no vi, sino a Santiago, el hermano del Señor. 20En lo que les escribo, les aseguro en presencia del Señor, que no miento. 21Después fui a las regiones de Siria y Cilicia, 22ya que no era conocido en persona entre las comunidades cristianas de Judea, 23pues sólo habían oído decir: “El que en otro tiempo nos perseguía, ahora predica la fe que entonces quería destruir”. 24Y glorificaban a Dios por causa mía.

Para reflexionar:

¿Soy consciente de la necesidad de vivir siempre en camino de conversión?

¿Considero que sean cosas muy distintas “conversión” y “vocación”? ¿Por qué sí o por qué no?

¿Mi propia conversión la vivo a partir de una fuerte experiencia de la gratuidad y del amor de Dios en mí, o como un simple esfuerzo ascético mío para ser mejor y menos pecador?

¿Cómo vivo el proceso de conversión? ¿Estoy convencido de haber sido yo también, como Pablo, llamado desde el seno materno a la vida cristiana?

¿A qué tipo de misión me conduce mi vocación y mi camino de conversión como cristiano/a?

sábado, 10 de julio de 2010

San Pablo, viajes y vocación misionera

En sentido cristiano, el apóstol, el misionero, es un embajador enviado por Cristo para anunciar el mensaje de la salvación operada por Él mismo. Para esto eligió Dios a Pablo, y para esta misión se sintió llamado Pablo. Misión, por otra parte, que el Apóstol de las gentes empezó a llevar a cabo desde el momento mismo de su bautismo.

Durante algún tiempo, Pablo anunció a Cristo en Arabia, Damasco, Jerusalén, Tarso, su ciudad natal, y Antioquia. Después vinieron los tres viajes misionales, en los que su estrategia solía ser, especialmente en el primer viaje, predicar primero en las sinagogas de la ciudad y, a continuación, a los gentiles.

Durante los dos primeros viajes, la intensa acción evangelizadora de Pablo tuvo como centro la ciudad de Antioquía. Tenía medio millón de habitantes y constituía una gran puerta para todo el Oriente. Precisamente, en esta ciudad, se comenzó a llamar cristianos a los discípulos de Jesús. En el segundo viaje misional, Pablo se detuvo bastante en Corinto, ciudad entonces más importante que Atenas, y que tenía salida a dos mares, lo cual facilitaba la llegada a otros pueblos y ciudades. Por fin, como tercera ciudad, centro de irradiación evangelizadora, está Éfeso, la más importante ciudad de la provincia romana de Asia. En el tercer viaje, Pablo ejerció en ella un prolongado ministerio. A lo largo de tres meses, habló abiertamente en la sinagoga, “exponiendo lo referente al Reino de Dios y tratando de convencerles” (Hechos, 19, 8), pero, como algunos maldecían el camino del Señor, empezó a enseñar “todos los días en la escuela de Tirano. Esto duró dos años, de forma que todos los habitantes de Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor” (Hechos 19, 9-10).

Para Pablo, su trabajo misionero ante todo era el trabajo de un guía. En cada una de sus cartas deja entrever su preocupación por las iglesias, y el conocimiento profundo de sus necesidades. El animador de las comunidades no es aquél que tiene la autoridad delegada de alguien, sino que es el que sigue la vida de la comunidad y la conoce, y esto es lo que uno percibe en cada una de las cartas de Pablo.

La visita a las comunidades era para Pablo quizá una de las herramientas de la animación más importantes, porque, aparte de visitar a las comunidades en particular se convertían en el ejercicio de la animación después del primer anuncio.

Aquel Saulo perseguidor, una vez convertido, combatió bien el buen combate de la evangelización. Corrió la carrera de su vocación y misión, como el mejor campeón, predicando y guardando la fe con una fidelidad total. El Señor Jesús le dio la corona de la gloria, desde donde brilla como faro luminoso para gloria de Dios y bien de la Iglesia de Jesús, de quien escribió, haciéndolo vida: “Para mí, la vida es Cristo, y una ganancia el morir” (Fil 1,21).

La vocación del cristiano es ante todo un llamado a la misión, se trata de anunciar la Palabra de Dios a todos los hombres y mujeres, para encender el fuego de la fe, por primera vez o, para mantenerla y animarla. Para Pablo la motivación de cada uno de sus viajes misioneros se encuentra enmarcada por el hecho de sentirse enviados.

San Pablo, es misionero por vocación como podemos serlo cada uno de nosotros, porque todo cristiano debe estar comprometido, de una forma u otra, con las misiones de las iglesias jóvenes.


Fuentes:

www.vidasacerdotal.org
http://epjguate.com/noticias

sábado, 3 de julio de 2010

PABLO, VOCACIÓN Y COMPROMISO

Su temperamento apasionado, recia personalidad, dotes personales, talentos culturales y espirituales, lo harán un hombre imbatible y una vez convertido a Cristo, volcará en su apostolado toda la riqueza de su persona.

Una de las personalidades más ricas de la historia, un verdadero gigante o líder, en quien el Espíritu Santo encontró un instrumento eficaz para la expansión y crecimiento de la Iglesia primitiva.

SAN PABLO ¿QUÉ HIZO?

Conocemos a Pablo a través de los Hechos de los Apóstoles y de sus Cartas. Como el objetivo de este encuentro es conocer su vida, debo decirles que para hacerlo, debemos recurrir a las Cartas, ya que en los Hechos no hace referencia a que escribió cartas, y los datos históricos, son reales, pero no cronológicos.

Para conocer a Pablo, decía hay que leer sus cartas. Si comparamos a los discursos de Pablo de Hechos y las Cartas, las ideas son distintas. Esto no quiere decir que aprendimos errores, hoy con los modernos estudios, podemos decir que San Lucas puso en la boca de Pablo esos discursos o sea el mensaje de salvación, pues el libro de los Hechos, es un libro teológico y no histórico. Así el Pablo de Lucas, no es el real, sino lo que él conoció el Apóstol.

Otro detalle muy importante, es que Pablo en sus cartas no habla de conversión, sino de vocación.-

Lucas escribió la conversión no como un detalle histórico, sino teológico (ocurrido en el año 34). su significados es:

LA CAIDA postración ante Dios.
LA LUZ imagen que Dios está presente, está contado como una teofanía.
CEGUERA no ver la realidad, la verdad.

CRONOLOGÍA
Pablo fue contemporáneo a Jesús, pero no se conocieron.-
Año 5, nace en Tarso.
Año 20, estudia con Gamaliel.
Año 34, muerte de Esteban. Descubre su vocación. Primer contacto con la Iglesia de Jerusalén.
Año 49,Concilio de Jerusalén
Año 50,va a Corinto
Año 58,cautividad en Cesarea,
Año 60, apela al Cesar
Año 61,viaja a Roma prisionero
Año 64, muere decapitado, camino a Ostia .


Fuente: www.scoutsecuador.org

sábado, 26 de junio de 2010

El joven Pablo: una vocación a imitación de Cristo

Saulo creía que Jesús estaba muerto, bien muerto y que su lamentable fin sobre la cruz era la señal de la reprobación de Dios para su obra. Cuando se da cuenta de la potencia triunfadora de este Jesús que le prueba que está vivo, puesto que lo detiene y lo tira por tierra. Saulo encuentra a Cristo gloriosos, a un Cristo rodeado de luz sobrenatural.

Saulo no le ha buscado, ni se ha preparado a este encuentro; por el contrario, ha luchado ferozmente contra los cristianos y su evangelio. Y sin embargo, el Resucitado irrumpe en su vida y Saulo se convierte en Pablo y queda «apresado» por Cristo Jesús.

Todo su ímpetu y toda su actividad evangelizadora arrancan de este hecho: él tiene conciencia clara de que no es apóstol por voluntad propia, sino «por voluntad de Dios». Sabe que es «llamado como apóstol» exactamente como lo habían sido los Doce, porque le ha llamado el mismo Jesús que les llamó a ellos; y -lo mismo que ellos- también Pablo ha sido llamado por su nombre.

Haber sido llamado «por gracia» no quita fuerza a esta vocación, sino todo lo contrario: pone más de relieve la iniciativa absolutamente gratuita de Dios que llama no en virtud de los méritos contraídos sino por pura benevolencia, que tiene misericordia con quien quiere. Saulo es el modelo de la aceptación de la vocación. Para él, el llamado echaba por tierra su vida y sus convicciones. Pero este llamado fue recibido por un alma grandemente abierta.

Toda su predicación acerca de la gracia brotará de esta experiencia primera y fundante. Pudiera suceder que ciertas personas, llamadas por el Señor para una misión apostólica importante, hayan tenido un pasado aparentemente poco de acuerdo para esta misión. Pero este pasado no es para ellas un obstáculo, porque la vocación opera una renovación del alma, pone fin a un período de la existencia e inaugura un nuevo destino.

Pablo, como otros profetas, desde el seno de su madre, ha sido destinado totalmente a la misión de convertir a los paganos al Evangelio. Llegado el momento establecido por Dios, se produce su conversión y vocación.

Todos como Pablo, debemos convertirnos al Evangelio, para luego anunciarlo.

Reconozcamos la gracia de Dios en nuestra vida:
¿Eres conciente de la gracia bautismal que recibiste y te preocupas por conservarla?

¿En que momentos experimentas en tu vida la gracia actual, es decir , momentos en los que percibes la ayuda de Dios?
¿Valoras los carismas especiales, los consideras importantes?
¿Recurres con frecuencia al sacramento de la Reconciliación para alimentarte de la gracia de Dios?


Fuentes:
http://cartapalabrayespada.blogspot.com, http://www.encuentra.com, http://www.san-pablo.com.ar

sábado, 19 de junio de 2010

Los signos de los tiempos II. ¿En esta realidad que me siento llamado?

La Iglesia reconoce que la historia es un lugar en que se encuentra la voluntad de Dios, ya que las manifestaciones de Dios se dan en las mediaciones humanas, particularmente la historia, concretamente, las realidades sociales, políticas, religiosas y culturales del mundo y de la Iglesia. Ahora bien, frente a toda esta realidad actual ¿a que me siento llamado?

Esta respuesta solo la encontraremos de manera personal cada uno de nosotros en nuestro corazón, pero para ello es preciso:

Interpretados los signos de nuestro tiempo la luz de la Palabra de Dios.


Tradición y Magisterio. Teniendo siempre en cuenta la Palabra de Dios, como punto de referencia y marco de orientación fundamental. Para que este discernimiento tenga cierta garantía es necesario la relación o conexión con la revelación fundacional.

Desvelar los signos a la luz de la Palabra de Dios, nos puede llevar a ver en ellos la oportunidad salvadora de Dios, y nuestro papel o nuestro llamado dentro de cada oportunidad salvadora.

Conocer profundamente de la realidad y época actual.

Este conocimiento es el que da autoridad a todo discernimiento sobre la presencia de Dios en ella y tener sensibilidad e intuición a lo que en ella hay de extraordinario.

Interpretar la presencia de Dios como una cuestionante y no como solución.

En la búsqueda de la respuesta y la verdad, podremos descubrir la voluntad divina. Dios provoca a la acción, a la libertad del hombre. ¿Qué has hecho por tu hermano?

Discernir en comunidad – iglesia.

La dimensión comunitaria y fraternal impide ser monopolizador de la verdad y exige humildad en el servicio a esa verdad de la que nadie es propietario.
Estos criterios no evitan los respectivos riesgos de un errado discernimiento, ya sea en su lectura o su respuesta, ya que nuestra razón a veces no dimensiona la voluntad de Dios en su profundidad de los designios.

Tampoco ninguno de nosotros se puede apropiar de tener la autoridad de interpretar estas señales como "señales de Dios", e incluso muchos pueden con los alarmismos apocalípticos llegar a dar una visión que no corresponde a la voluntad de Dios.

Los "Signos de los tiempos", muestran la grandeza de la libertad humana, y del amor de Dios, pues en todo lo que el hombre busca para su bien común, va a coincidir con la voluntad de Dios; y, en caso contrario, cuando el actuar del hombre no coincide con la voluntad de Dios, van a haber voces que disientan su malestar, todo en vistas de conseguir un mundo mejor para todos.

Una vez más pidamos a Dios poder discernir y ver en los signos de los tiempos de hoy cual es el llamado particular para cada uno de nosotros.

sábado, 12 de junio de 2010

Los signos de los tiempos I: ¿Que manifiesta Dios en la realidad?

Una vez alcanzada una comprensión básica sobre la concepción recogida en los Evangelios respecto a las señales propias del tiempo mesiánico, podemos comenzar a preguntarnos por la aplicación a nuestro tiempo. Vivimos en los tiempos del Mesías. Por tanto, los signos característicos de la época mesiánica pueden estar perfectamente en vigor también en nuestro tiempo. Ahora bien, cualquier búsqueda de “signos de los tiempos” en este tiempo nuestro tendrá que aceptar la existencia de una mínima coherencia y continuidad entre los signos que Jesús consideró como aceptables y los signos que hoy podemos considerar como significativos de la presencia mesiánica.

Y esto significa claramente que no cualquier acontecimiento extraordinario, aparentemente grandioso y benéfico puede ser considerado sin más, de una forma apresurada, como “signo de nuestro tiempo”.

Los signos mesiánicos de nuestro tiempo no se pueden situar, como hacen las teologías del capitalismo, en sistemas económicos que, por las razones que sean, pretenden a la larga ser beneficiosos para la mayor parte de la humanidad por más que de entrada no lo puedan ser. Si hay algo propio de los signos mesiánicos, es que ellos realizan ya desde abajo lo que significan. La alimentación de las multitudes no es algo para el futuro, sino algo que se realiza ya desde ahora allí donde la confianza en el Dios de Jesús permite un compartir efectivo entre los que carecen de recursos suficientes.

Los signos de los tiempos no se pueden buscar en el poder político, ni se pueden situar a escala de toda la sociedad, ni se pueden poner en el futuro. Los signos de los tiempos son, como hemos visto, signos de este tiempo, ya presentes y actuantes en el presente. Añadir imagenNo son signos de gloria, sino signos de servicio, que se rastrean entre los humildes, y no entre los poderosos. Son signos que requieren un pueblo libremente situado bajo la soberanía del Mesías, en el que se inicia un servir mutuo y confiado.

En muchos lugares en nuestro mundo, donde el Espíritu de Jesús está ya actuando. Hoy por ejemplo, uno de los signos de los tiempos que ha salido a la luz de la opinión pública ha sido la defensa de la vida de aquellos que no pueden defenderse al interior del útero de la mujer, y la defensa de aquellos que, habiendo dado su vida por su familia, son considerados una carga que han de ser desechados.

Pidamos a Dios ver sus huellas nuestra vida, sin alarmismos, sin desesperación, sino que todo lo contrario, llenos de esperanza y alegría.

Fuente:
http://www.praxeologia.org

sábado, 5 de junio de 2010

Cómo vivir el agradecimiento en la cotidianidad

Me quejé

Pensaba que mi vida no estaba bien, hablé con Dios y:

Me quejé de lo que me salió mal en el trabajo, pero no agradecí mis manos para trabajar.

Me quejé de tener que soportar el ruido de mis hermanos, más no agradecí por tener una familia.
Me quejé cuando no había lo que más me gustaba para comer, pero olvidé agradecer por tener qué comer.

Me quejé por mi salario, cuando miles ni siquiera tienen uno.

Me quejé porque no apagaban la luz de mi cuarto al buscar unos libros, pero no pensé en que muchos no tienen hogar donde tener las luces encendidas.

Me quejé por no poder dormir 10 minutos más, olvidando a quienes darían todo por tener su cuerpo sano para poder levantarse.

Me quejé por tener que trabajar al día siguiente, olvidando que muchos no tienen trabajo que les permita llevar sustento a su familia.

Me quejé porque mi madre me reprendía, cuando millones desearían tenerla viva para poder honrarla y abrazarla.

Me quejé pues tenía que dar una charla sobre Jesús a unos jóvenes, olvidando el privilegio que es poder hablar a otros de Jesús.

Dios me mostró en aquel momento la verdad y entonces comprendí lo ingrato que había sido con Él y comencé a agra­decer por las cosas que había olvidado y, aún más, aquellas por las que tanto me quejaba. Espero que tú no cometas el mismo error que yo estaba cometiendo.

La vida esta llena de encuentros y desencuentros, de días iluminados y opacos. En ellos constatamos que la vida está colmada de la presencia de Dios y se compone de amor, pasión, fortaleza y superación. Las piedras que nos presenta el camino son oportunidades que Dios nos brinda para aprender a apreciarla y especialmente para vivir el día a día en actitud de agradecimiento. No perdamos la oportunidad de vivir el agradecimiento en la cotidianidad.

Fuente: Rubén Guerra
Vitaminas Diarias para el espíritu II, Editorial Paulinas

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Qué es el misterio de la Santísima Trinidad?

El sacerdote, con sencillas palabras, comenzó a disipar las dudas: “Hija, ¿quién puede comprender y explicar los misterios de Dios? Se llaman misterios precisamente porque no pueden ser comprendidos por nuestra pequeña inteligencia. Podemos formarnos alguna idea con ejemplos.

¿Has visto alguna vez preparar la masa para hacer el pan? ¿Qué hace el panadero? Toma la harina, la levadura y el agua. Son tres elementos distintos: la harina no es la levadura ni el agua; la levadura no es la harina ni el agua y el agua no es la harina ni la levadura. Se mezclan los tres elementos y se forma una sola sustancia. Por lo tanto, tres elementos distintos forman unidos una sola sustancia. Con esta masa se hacen tres panes que tienen la misma sustancia pero distintos en la forma el uno del otro.

Eso es, tres panes distintos el uno del otro pero una única sustancia. Así se dice de Dios: Él es uno en la naturaleza, Trino en las personas iguales y distintas la una de la otra. El Padre no es el Hijo ni el Espíritu Santo; el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. Son tres personas iguales pero distintas. Sin embargo, son un solo Dios porque única e idéntica es la naturaleza de Dios”.

Respuesta dada por el Padre Pío de Pietrelcina.

sábado, 22 de mayo de 2010

Colocar los dones al servicio de la comunidad

ESTRELLAS DE MAR

Érase una vez un escritor que vivía en una tranquila playa cerca de un pueblo de pescadores. En la tarde, ya con ideas renovadas, se quedaba en casa para inspirarse. Cierto día, estando en la playa como de costumbre, vio un bulto a lo lejos que parecía bailar. Curioso, se acercó y notó, que era un joven que recogía estrellas de mar, una por una, para devolverlas al océano. No pudo contenerse y le preguntó: “¿Por qué hacer eso?.

“¿No lo vez? – El joven explicó- La marea está baja y el sol brilla intensamente. De esa manera se van a secar y a morir en caso de que permanezcan en la arena”.

El escritor se sorprendió y le dijo: “joven amigo, existen miles de kilómetros de playas en este mundo de Dios y centenes de estrellas de mar esparcidas por las playas. ¿Qué diferencia hay? Lanzas unas pocas de regreso al océano; sin embargo, de cualquier modo la mayoría de ellas van a morir”.

El joven, indiferente a los argumentos del escritor, agarró una estrella de mar y la lanzó de vuelta al agua. De inmediato miró al escritor y contestó: “para esa que tiré al mar, yo hice la diferencia”.

Aquella noche, el escritor no pudo escribir, ni siquiera dormir. Por la mañana regresó a la playa, buscó al joven y se unió a él. Juntos comenzaron a lanzar estrellas de mar hacia el océano.

Por lo tanto, seamos uno más de los que quieren hacer del mundo un lugar mejor. ¡Hagamos la diferencia!

Reflexiona ahora:

¿Acostumbras a hacer tu parte por el bien de la comunidad poniendo los dones que Dios te ha dado al servicio de la misma?

¿Estas de acuerdo que la omisión es uno de los mayores pecados?

Fuente: Historias de la vida. Parábolas para reflexionar. Editorial Paulinas.

sábado, 15 de mayo de 2010

Como reconocer la vida como don del Espíritu.

La vida humana, don precioso de Dios, es sagrada e inviolable. Es sagrada porque desde su inicio comporta la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término.
A partir del Bautismo, el Espíritu divino habita en el cristiano como en su templo. Gracias a la fuerza del Espíritu que habita en nosotros, el Padre y el Hijo vienen también a habitar en cada uno de nosotros.

El don del Espíritu Santo es el que nos eleva y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar; nos permite conocerlo y amarlo; hace que nos abramos a las divinas personas y que se queden en nosotros.

La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios.

Dios se ha finado en nosotros desde siempre y nos ha llamado a la existencia por un libre acto de su voluntad y de su amor.

Nuestro cuerpo nos ha sido dado por nuestros padres, elegido por Dios como cooperadores de su suprema paternidad, mientras que nuestra alma ha sido creada directamente por él.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y por lo mismo, nuestra vida encierra una grandeza y un dinamismo únicos.

Dios es el Señor de la vida, y por eso, debemos respetarla siempre, tanto en nosotros como en los demás.

Al darnos la vida Dios nos dio también un mundo, el mundo creado, para que nosotros lo dominemos, lo perfeccionemos y lo disfrutemos digna y honradamente, compartiendo sus bienes con los demás hombres, también criaturas de Dios y hermanos nuestros.

La vida, en fin, es bella si es buena, activa, honrada y sin manchas de maldad que la entristecen, la envenena y, al final, la destruyen.

La vida es un mensaje que se lleva.
Un don que se cultiva.
Un compromiso que se cumple.
Una imagen que se transmite.
¡Una respuesta a Dios!
Dar y darse... Ser y sentir...
Amar y crecer... Sembrar y producir...
¡Eso es la vida! Dar y darse...
Ser y sentir... Amar y crecer...
Sembrar y producir...

sábado, 8 de mayo de 2010

Jornada mundial de las comunicaciones sociales y Ascensión del Señor

La ascensión del Señor marca una etapa nueva y definitiva para los apóstoles. El Señor resucitado ya no aparecerá más, sino que sube al cielo para interceder por los hombres ante el Padre. Los apóstoles se encuentran ante una nueva situación. Por una parte, según las palabras de Cristo, deben esperar para ser revestidos del Espíritu Santo, pero por otra parte, deben meditar que ya ha empezado la hora de dar continuidad a la obra de Cristo en su cuerpo que es la Iglesia.

Jesús Resucitado y Exaltado a la derecha del Padre el Gran Comunicador Universal que nos reúne y apacienta. Por tal motivo la Iglesia celebra laJornada mundial de las comunicaciones sociales el día de la Ascensión del Señor.

sábado, 1 de mayo de 2010

La profesión como proyecto cristiano

El testimonio individual, dentro del ejercicio de la profesión, así como la valoración de la actividad profesional no puede quedarse solamente en la adquisición de los recursos económicos necesarios para el profesional. Es necesario que la elección y el ejercicio de la profesión sea juzgado con valores más amplios como son: la realización de la persona, el incremento del bien común y el enriquecimiento del patrimonio de la sociedad y de toda la familia humana.

Nuestro comportamiento individual tiene repercusiones sociales. Ser conscientes de ello debe llevarnos a todos a inspirar los comportamientos personales, familiares y profesionales en los criterios morales que rigen nuestra vida social como cristiano.

La preparación profesional debe ser rigurosa y exigente; sin caer en la idolatría al éxito personal, a la posesión del poder, a la eficacia, al honor o al dinero. El proyecto de vida profesional debe estar orientado por los valores fundamentales propuestos por la Persona de Cristo, siendo capaces de dar testimonio y de vivirlos en sociedad.

Es importante amar la profesión y tener una visión global sobre el hombre y sobre la sociedad, ser capaces de abrirse a otros aspectos que estén más allá de la profesión y/o especialidad. Ser partícipes de un equipo de trabajo, de una comunidad laboral, manteniendo o actuando con confianza, libertad, fraternidad, solidaridad, lealtad y convicciones personales. Realizar el oficio con libertad, alegría, actitud solidaria. Aceptando el ejercicio de la profesión como una valiosa oportunidad para el crecimiento personal de los compañeros de trabajo y de sí mismos.

Fuentes varias

sábado, 24 de abril de 2010

Los discípulos de Emaús: ¿Cómo ser discípulo hoy?

Es difícil pensar en ser discípulo de Jesús y no mirarle a los ojos y preguntarle a Él, ¿Cómo puedo seguirte hoy? ¿Cómo ser testigo resucitado del Resucitado?

La respuesta difícilmente vendrá desde la mera intelectualidad, es fundamental que el corazón ocupe su lugar. El discípulo lo es porque opta con su corazón "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón..."

Seguir a Jesús individualmente es tarea ardua y difícil, el Espíritu impulsa a ejercer el discipulado en comunidad de hermanas y hermanos. El mejor modo de ir buscando respuestas a las preguntas es desde el seno de la comunidad de hermanas y hermanos.

Otra clave fundamental a la hora de buscar vivir el discipulado: colocar en el centro de nuestra existencia aquellos a quienes Jesús colocó en el centro de la suya. Pobres, marginados, excluidos.

Ser discípulo hoy nos supone capaces de generar preguntas sobre el devenir de nuestra existencia en confrontación con la existencia de Cristo el Señor, haciendo un camino común con el resto de hermanas y hermanos, reconociendo que sólo Dios y los pobres pueden ocupar el centro de nuestra existencia.

Ser discípulos significa ser gente de esperanza, constructor de comunidades de esperanza en un mundo donde las opciones suelen reducirse a un optimismo limitado o a un pesimismo sin límites. Para ello debemos entrar en el sepulcro desde el que Jesús nos habla sobre la esperanza.

La desesperación en las relaciones personales se hace cada vez más visible. Todos luchamos contra la soledad. Nos sentimos desvinculados. Parece como si careciéramos de hogar, y lo buscamos en el matrimonio, en la amistad, en la comunidad. Angustiados, buscamos un sentido de pertenencia, de arraigo, de solidaridad. Esta ansia de aceptación se expresa muy a menudo de manera violenta. «Ámame, por favor», decimos, «no puedo vivir sin ti. Tienes que calmar mi necesidad. Tienes que llenar ese doloroso vacío con el que ya no puedo vivir».

«Somos seres rotos e inseguros. Pero somos abrazados por aquel que nos dice: "No temáis, yo os he amado primero. Y en mí encontraréis seguridad"».

Jesús dice «no» a la muerte. Podemos verlo cuando camina con sus discípulos a Emaús: dice «sí» a la vida. Habla sobre la vida en un momento en que la atención de sus discípulos está fija en la muerte. Estamos llamados a decir «no» a la muerte en todo momento, llamados a ser discípulos testigos de esperanza dentro de las comunidades parroquiales.

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Beato Santiago Alberione - Fundador de las Hijas de San Pablo (Paulinas)

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