sábado, 22 de enero de 2011

La conversión y vocación misionera de San Pablo

Después de la muerte de Esteban la Iglesia de Jerusalén se encuentra fuertemente perse­guida. Los cristianos helenistas escapan de Jeru­salén y se dispersan por otras ciudades.

Lucas enfatiza que Pablo perseguía a los cris­tianos para hacernos comprender que su con­versión es un puro don de Dios, que es él quien toma la iniciativa. En Pablo, Jesús quiso mos­trar de forma muy evidente que él vino al mundo para salvar a los pecadores, para ejerci­tar su misericordia.

El Apóstol nunca dejó su pasado ni su fe judía, sino que, al conocer a Jesucristo, lo reco­noció como el cumplimiento de toda la espe­ranza que tenía Israel en el Mesías. Pablo nos manifiesta que en su vida se ha producido un cambio fundamental.

- El encuentro con Cristo resucitado, el Mesías, transforma su vida.
- La salvación es para todos los pueblos.

En los Hechos de los Apóstoles encontramos el relato de la conversión en tres lugares distintos:
- La primera narración la hace Lucas en Hech 9, 1-19.
- La segunda narración es el discurso que Pablo pronuncia a los judíos de Jerusalén, donde da detalles de su conversión: Hech 22,4-21.
- La tercera narración dice Lucas que es el relato de Pablo al rey Agripa: Hech 26, 9-18.

El acontecimiento de la conversión tiene seis momentos importantes:

1) Encuentro de Pablo con Jesús: la luz y la voz.
Este encuentro sucede en el camino de la vida. En viaje hacia Damasco, a medio día, Pablo se vio envuelto por una gran luz. Cayó en tierra, como Ezequiel (1, 28), cuando tuvo junto al río Kedar la visión de la gloria de Dios, y como Daniel (Dn 8,17-18), quien también cayó rostro en tierra cuando Dios se le acerco en la visión.

La repetición del nombre de Pablo, con el cual Cristo se dirige a él, nos evoca las grandes reve­laciones de Dios a Abraham, Moisés o Jacob (Gn 22, 1). Y la pregunta de Jesús: "¿Por qué me persigues?" nos hace ver que Cristo se identifi­ca con aquellos a quienes Pablo perseguía.
Pablo tiene que cambiar sus planes y su cami­no de manera total y radical, pues todo lo que hacemos a los discípulos lo hacemos a Cristo mismo (Mt 10, 20).

2) Pablo camina ciego a Damasco.
"Te será dicho lo que tendrás que hacer". Pablo queda ciego y la gente de la caravana lo guía hasta Damasco.

Pablo pasa tres días sin comer ni beber. La ceguera física es símbolo de la ceguera espiri­tual. Los tres días de esta prueba también nos recuerda a Cristo, que permaneció tres días en el sepulcro.
3) Pablo con Ananías.
Ananías recibió a Pablo en la comunidad cris­tiana, pero fue Jesús quien lo sanó y lo hizo su apóstol; Ananías fue un instrumento del Señor. Pablo se llenó del Espíritu Santo y se le caye­ron las escamas de los ojos, como sucedió a Tobit (Tob 11, 11), a quien Tobías curó de la ceguera para que pudiera ver a su hijo, figura del Hijo que verá Pablo. El Apóstol tendrá siempre en su mirada al Hijo de Dios, su Señor.

4) Bautismo.
Después de recobrada la vista, Pablo recibe su bautismo: `Levántate, ponte de pie'. Se levantó y fue bautizado" (Hech 9,18). El Apóstol nos dice más tarde: "¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también noso­tros llevemos una Vida nueva" (Rom 6, 3-4).

5) Apóstol perseguido.
Pablo dice: "Quiero que sepan, hermanos, que la Buena Noticia que les prediqué no es cosa de los hombres, porque yo no la recibí ni aprendí de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Seguramente ustedes oyeron hablar de mi conducta anterior en el Judaísmo: cómo perseguía con furor a la Iglesia de Dios y la arrasaba, y cómo aventajaba en el Judaísmo a muchos compatriotas de mi edad, en mi exceso de celo por las tradiciones paternas. Pero cuando Dios, que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por medio de su gra­cia, se complació en revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara entre los paganos, de inmediato, sin consultar a ningún hombre y sin subir a Jerusalén para ver a los que eran Apóstoles antes que yo, me fui a Arabia y des­pués regresé a Damasco" (Gal 1, 11-17).

6) Pablo en la Iglesia de Antioquía.
Así como Jesús, en el Evangelio, eligió y envió a los Apóstoles, Lucas nos muestra que el Espíritu Santo eligió y envió a Pablo y Bernabé a la misión.

"En la Iglesia de Antioquía había profetas y doctores, entre los cuales estaban Bernabé y Simeón, llamado el Negro, Lucio de Sirene, Manahén, amigo de infancia del tetrarca Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el Espíritu Santo les dijo: 'Resérvenme a Saulo y a Bernabé para la obra a la cual los he llamado'. Ellos, después de haber ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron. Saulo y Bernabé, enviados por el Espíritu Santo, fueron a Seleucia y de allí se embarcaron para Chipre (Hech 13,1-4).
PARA REFLEXIONAR
1) ¿Cuál es mi Damasco?
2) ¿Qué palabra de Dios escuché en mi camino?
3) ¿Qué luz me iluminó y qué actitud surgió en mi?
4) ¿Acepto las mediaciones de la Iglesia? ¿Cuáles?
5) ¿Cuándo fui bautizado/a?
6) ¿Cómo vivo el Bautismo, el estar sumer­gido/a en Cristo?
7) ¿Anuncio a Cristo con mi vida de amar hasta incomodar a los otros?
8) ¿Realizo la misión como enviado/a por la comunidad?


ORACION CONCLUSIVA
“Jesús, te alabo por haber convertido a Pablo de perseguidor en incansable apóstol de la Iglesia.
San Pablo, intercede por mí ante el Señor, para que me conceda un corazón abierto a su gracia, la liberación de mi egoísmo, la conversión y una plena configuración de mi vida con la de Jesucristo”. Beato Santiago Alberione


sábado, 8 de enero de 2011

El Bautismo del Señor. Este es mi Hijo, el amado

Hay momentos en la vida de las personas que marcan un antes y un después. Pueden ser puntuales, pueden ser procesos en el tiempo, pero no hay vuelta atrás. Se pueden poner muchos ejemplos: cuando un joven se pone a trabajar por primera vez o cuando comienza sus estudios en la universidad –eso implica muchas veces el abandono de la casa familiar– o cuando entra en un noviciado porque quiere ingresar en una congregación religiosa. Incluso en el caso de que se pierda el trabajo, de que se deje la universidad o de que se abandone la congregación religiosa, nada vuelve a ser como antes.

El Bautismo de Jesús que este domindo celebramos como broche y punto final del tiempo de Navidad viene a ser algo así. El tiempo antes del Bautismo suponemos que fue vivido con su familia en la evolución normal de cualquier niño-chico-joven-adulto de aquel tiempo. Según la tradición Jesús muere en la cruz con 33 años. Si le restamos los tres años de la vida pública que relatan –más o menos– los Evangelios, se podría decir que se bautizó a los 30 años. Eso nos habla de mucho tiempo de vida “normal”, “ordinaria”.

Jesús en busca de sentido

Pero algo debió suceder para que Jesús se acercase a Juan y le pidiese que le bautizase. Ese algo fue sin duda parte de un proceso en el que Jesús toma conciencia de su misión. Desde nuestra fe confesamos que Jesús era Dios pero también que era plenamente hombre. Por tanto, debió pasar por los procesos ordinarios de reflexión y discernimiento hasta darse cuenta de que su vocación, su llamada, no era a pasarse la vida repitiendo lo mismo que había hecho su padre, José. Lo suyo no era ser artesano. En ese momento Jesús descubre su vocación y se redescubre a sí mismo. Su experiencia de sentirse Hijo le lleva a darse cuenta de que su misión consiste en anunciar a todo el mundo la buena nueva de la salvación.

Los evangelistas lo condensan en este momento del Bautismo con la imagen de la paloma que simboliza al Espíritu de Dios y con las palabras del cielo: “Este es mi hijo, el amado, mi predilecto.”

La misión recién asumida por Jesús, es una misión que le lleva a dejar todo y a comenzar una vida nueva. Familia, trabajo, amigos, todo queda atrás. En adelante su madre y sus hermanos serán los que escuchan la Palabra de Dios. Su familia serán todos los hombres y mujeres porque todos son amados por Dios. La familia es la familia del Reino. Comienza un mundo nuevo.

Una misión que llena su vida

El libro de Isaías nos da las claves desde las que los evangelistas interpretaron la misión de Jesús. Será el mesías esperado pero no de la forma ni con el estilo que lo esperaban los israelitas de su tiempo. El mensaje de la buena nueva es un mensaje amable, que respeta a las personas y su libertad. Se dirige de una manera especial a los que sufren, a los marginados, a los que están sometidos a la injusticia. El mensaje del reino promete la libertad y la plenitud de la vida en el marco de la familia de Dios.

El Bautismo marcó un antes y un después en la vida de Jesús. A partir de él “pasó haciendo el bien”. Ese debería ser el principal distintivo por el que se nos debería conocer a sus discípulos. Como Jesús nos hemos bautizado, el Espíritu se ha posado sobre nosotros. Ahora nos queda vivir como Jesús: haciendo el bien y curando de todo dolor a los que nos encontramos en nuestro camino. Así verán que Dios está con nosotros

Autor: Fernando Torres Pérez cmf
Fuente: http://www.ciudadredonda.org

sábado, 1 de enero de 2011

La fiesta de la Epifanía del Señor

Hoy celebramos la fiesta de la Epifanía, es decir, de la manifestación de Jesús como Señor de todos los Pueblos. Es una gran fiesta para nosotros los cristianos, de manera especial celebrada en Oriente, por su significado: Dios se ha manifestado en Jesús, como un Dios universal, un Dios de la humanidad y no sólo de un Pueblo.

La fiesta de la Epifanía tiene su centro en el reconocimiento que los magos de Oriente le dan a Jesús como Rey, Señor y Redentor; por eso se le llama fiesta de la Epifanía o Manifestación de Dios al mundo. Considero que esta fiesta nos debe ayudar a reflexionar sobre la universalidad del mensaje de Cristo. A veces los cristianos hemos “acaparado” de tal manera el mensaje de Cristo que casi hemos hecho imposible que alguien más se enriquezca de él. Tenemos que ser consciente que Cristo vino a redimir a toda la humanidad y por ello su mensaje ha de ser universal.


Lo grandiosos de este acontecimiento de los magos es que hace que Jesús “evangelice” todavía sin hablar; es decir, ese pequeño niño, recostado en un pesebre, era ya un mensaje de salvación que movilizó a estos magos a buscarlo para adorarlo. ¿Cuál era este mensaje que transformó la vida de estos magos? La persona de Jesús representa para todos los hombre la encarnación del hombre perfecto; analicemos en qué sentido sucede esto. El hombre es un ser que encuentra su realización en la apertura al otro, y su realización perfecta en su apertura a Dios. Por lo tanto, en Jesús encontramos al hombre que está abierto de tal manera a Dios, que es Dios mismo hecho hombre, y también esta abierto a los demás de tal manera que todo el sentido de su existencia somos nosotros. Por esto, el mensaje de Jesús no se puede limitar a unas cuantas prácticas religiosas. Su mensaje llega a los más profundo del ser humano; él es la realización plena de toda aspiración del hombre. Por eso en él todo hombre puede encontrar un mensaje de esperanza y salvación.

¿Qué nos enseña esta realidad a nosotros? Muchas veces hemos reducido nuestro seguimiento de Cristo a una prácticas religiosas, donde ser cristiano es: bautizarse, ir a misa, y seguir más o menos los diez mandamientos. Pero la fiesta de hoy nos dice que eso no es lo único de nuestro cristianismo. Ser cristianos es aceptar que en Cristo encontramos una manera perfecta de ser humanos, que en él encontramos el camino perfecto para hacer la voluntad de Dios sobre nosotros. Ser cristianos es vivir desde la verdad, haciendo el bien y buscando radicalmente el amor como principio de acción. Ser cristianos es vivir esa radicalidad en la apertura al otro (mi hermano) y al Otro (Dios), encontrando mi plena realización en el dar y no en el recibir.

De esta manera, no es un verdadero cristiano el miembro confesional del partido, sino quien se hace realmente humano por su vivencia cristiana. Si todos viviéramos así nuestro cristianismo, estoy seguro que muchos otros hermanos aceptarían el testimonio de Cristo como testimonio para sus vidas. Entonces estaríamos promoviendo verdaderamente el mensaje UNIVERSAL que Jesucristo nos vino a traer.

PARA REFLEXIONAR

¿En dónde estoy basando mi seguimiento de Cristo, en el cumplimiento de unos ritos, o en mi esfuerzo por vivir plenamente como humano, tomando a Cristo como modelo? ¿Estoy dando testimonio de mi cristianismo con mis actos o sólo con los ritos? Recordemos que todos nuestros ritos religiosos deben ser expresión de nuestras acciones cotidianas.

¿Podemos seguir la estrella, la luz de belén?, ¿como lo hicieron los reyes de oriente? ¿Estamos dispuestos a mirar hacia arriba y dejar de mirar solo lo terrenal? ¿Estamos dispuestos a adorar al rey como lo hicieron esos reyes paganos?

Levantemos nuestras cabezas y admiremos la majestad de Dios, el nos espera, paciente , y nos guia con su luz el camino hacia la santidad.

Fuente: http://www.reflexion.org.mx

sábado, 18 de diciembre de 2010

Fin de una experiencia, inicio de un nuevo camino

El Seminario internacional para las Formadoras FSP, realizado en Roma desde el 10 de octubre al 10 de diciembre de 2010, concluyó con una solemne Celebración Eucarística, seguida del canto del Magnificat. Fueron dos meses de intensa actividad, de estudio, de reflexión, de trabajo en grupo y de oración, durante los cuales 32 Hijas de San Pablo − formadoras de pre-postulantado, postulantado y noviciado − provenientes de 19 naciones - pudieron profundizar el itinerario formativo que el beato Santiago Alberione, fundador de la Familia Paulina, propone en el texto Donec formetur Christus in vobis.

Las formadoras elaboraron un Documento final que contiene las líneas prioritarias y pedagógicas, a inserirlas en el proyecto formativo de las diversas circunscripciones. Dichas líneas ayudarán en el acompañamiento de las jóvenes para que asuman y vivan el espíritu del Donec formetur, entrando ya en el pre-postulantado y en el noviciado en el camino de la “cristificación”, con corazón abierto para descubrir la voluntad del Padre que llama y envía «a anunciar las insondables riquezas del misterio de Cristo».

Sor M. Antonieta Bruscato, superiora general, en el encuentro final saludó así a las formadoras: «El Señor, que les ha concedido la gracia de participar a este Seminario haciéndoles gustar mayormente el don y la belleza del carisma paulino, ahora les encarga transmitir a todas las hermanas de sus circunscripciones y comunidades, y sobre todo a las jóvenes, la experiencia vivida. Esto, ciertamente, hará revivir en el corazón de cada una la llama del carisma, la pasión por Dios y por la humanidad».

Fuente: http://www.paoline.org

sábado, 11 de diciembre de 2010

La grandeza de lo pequeño

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: « Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. »

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: « ¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron. (Lc. 10. 21-24)

Yo te alabo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos, y las revelaste a los pequeños.” Estas palabras encierran un misterio y una paradoja para la lógica humana. Los más grandes acontecimientos de su vida, Cristo no los quiso revelar a quienes, según el mundo, son “los sabios y prudentes”. Él tiene una manera diferente para calificar a los hombres.

Para Dios no existen los instruidos y los iletrados, los fuertes y los débiles, los conocedores y los ignorantes. No busca a las personas más capaces de la tierra para darse a conocer, sino a las más pequeñas, pues sólo estas poseen la única sabiduría que tiene valor: la humildad.

Las almas humildes son aquellas que saben descubrir la mano amorosa de Dios en todos los momentos de su vida, y que con amor y resignación se abandonan con todas sus fuerzas a la Providencia divina, conscientes de que son hijos amados de Dios y que jamás se verán defraudadas por Él. La humildad es la llave maestra que abre la puerta de los secretos de Dios. Es la gran ciencia que nos permite conocerle y amarle como Padre, como Hermano, como Amigo.

El adviento es tiempo de preparación, un momento fuerte de ajuste en nuestras vidas. Esforcémonos, pues, por ser almas sencillas, almas humildes que sean la alegría y la recreación de Dios. Cristo niño volverá a nacer en medio de la más profunda humildad como lo hiciera hace más de dos mil años. Un par de peregrinos tocarán a la puerta de nuestro corazón pidiendo un lugar para que el Hijo de Dios pueda nacer. ¿Cómo podremos negarle nuestro corazón a Dios, que nos pide un corazón humilde y sencillo en el cual pueda nacer?

“Dichosos los ojos que ven lo que ustedes ven, porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír lo que oyen, y no lo oyeron.”

Autor: H. Christian David Garrido F. L.C. Fuente: Catholic.net

sábado, 4 de diciembre de 2010

Carta de Sor M. Antonieta Bruscato, superiora general

Queridas hermanas y jóvenes en formación:

Como todos los años me dirijo a ustedes ante la proximidad del Adviento, este tiempo litúrgico “especial” en el que la sabiduría de la Iglesia nos hace ejercitar la vigilancia en la esperanza y en la espera.

Una vez más ¡Dios viene! Tenemos necesidad de todos los “Advientos” de nuestra existencia, para comprender el don de la venida del Señor y acoger el llamado cotidiano de “encarnar” a Cristo en nosotros, de hacerlo crecer por la acción del Espíritu Santo y «con él ser camino, verdad y vida para los hermanos» (Const. 8).

No somos nosotros quienes esperamos a Dios. Es él quien nos espera, y aún más; irrumpe en nuestra vida y en la historia atormentada de nuestros días. Entra en los ritmos del tiempo, se acerca a la humanidad que sufre, impregnando cada realidad del amor y de la misericordia de Dios, en cuyas manos está el destino del mundo. La aceptación de la venida de Cristo transforma nuestra mirada sobre la realidad, permitiendo que la acción de Dios nos transforme en creaturas nuevas (2Cor 5,17).

De este modo el Adviento se transforma en tiempo oportuno para profesar nuestra fe en el Señor que guía la historia y comunicar así la alegría de una experiencia que cambia la vida. En la exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini, Benedicto XVI escribe: «No hay prioridad más grande que esta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que nos habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Adviento 2011

El Adviento es una invitación a estar atento, vigilante, despierto a través de los cuatro domingos que preceden a la Navidad. Es el tiempo de tomar conciencia del tiempo que viene.

Inicia con las vísperas del domingo más cercano al 30 de Noviembre y termina antes de las vísperas de la Navidad. Los domingos de este tiempo se llaman 1°, 2°, 3° y 4° de Adviento. Los días del 16 al 24 de diciembre (la Novena de Navidad) tienden a preparar más específicamente las fiestas de la Navidad.

Toma una libreta, un cuaderno, tu Biblia y busca un espacio diario o semanal para leer, meditar y orar acerca de cada unos de los temas que propone la Iglesia para este tiempo de Adviento. A continuacion te proponemos una guía de los temas, cada uno definido por una estrella que Dios tiene para ti. Déjate interpelar por la Palabra de Dios, y descubre aquella Palabra que en este tiempo de Adviento tiene Dios para ti.

I Domingo
Tema: La estrella de la vigilia.
Meditacion recomendada: Estén atentos porque el hijo del hombre viene. (Mt 24,37-44)

II Domingo
Tema:
La estrella de la elección.

Meditacion recomendada: Está cerca el reino de los cielos. (Mt 3,1-12)

III Domingo
Tema:
La estrella de la duda.

Meditacion recomendada: ¿Eres tú el que debe venir? (Mt 11,2-11)

IV Domingo
Tema: La estrella del misterio.

Meditacion recomendada: Emanuel será su nombre.(Mt 1,18-25)

Oración

Señor Jesús enséñanos a reconocerte
en todos los momentos de nuestra vida.
En el paso misterioso de nuestros días
haznos atentos y prontos a recibirte allí donde tú nos esperas.
Ciñe nuestras cinturas con tu verdad.
Enciende nuestras lámparas con el aceite de tu misericordia
para que en la noche más oscura resplandezca
también para todos la estrella luminosa de tu venida. Amén.

sábado, 20 de noviembre de 2010

María, primicia de Salvación

María mujer docil, que con su Sí al angel se convierte en corredentora del género humano y en canal por donde llegó a nosotros la salvación.

Cristo que es primicia de los resucitados. Es la primera gavilla de la gran cosecha que Dios recoge de la siembra en el mundo. La primera gavilla indica que la cosecha ha empezado. Reafirma nuestra esperanza en la resurrección. María es también gavilla de las primicias.

María es modelo de esa Iglesia que porta a Cristo a los demás. Antes del nacimiento de Jesús, cuando lo lleva en su vientre, visita a Isabel (cf. Lc 1,39-56), y le lleva la alegría del evangelio. Ella lo muestra también a los pastores y a los magos. De forma especial, después de la resurrección, está presente en la primera comunidad cristiana, unida a la oración de los apóstoles, que esperan el Espíritu Santo en Pentecostés.

En todo esto es María primicia de salvación; junto con Ella, la Hija de San Pablo, coopera en el plan de salvación del humanidad entera, de manera particular entregando a Jesucristo con los medios mas rápidos y eficaces de nuestro tiempo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Recapitular las cosas en Cristo

El designio de Dios es de “recapitular todo en Cristo” (Ef. 1, 10), es decir, poner todas las cosas bajo una sola cabeza, Cristo. "recapitular" no consiste en comprender a Cristo en función del primer Adán, sino más bien en comprender a éste en función de Cristo.

Y es en la cruz donde esa recapitulación tiene su punto álgido. Allí se encuentra "la hora" de Jesús, el momento en que se reconcilia el Cielo y la Tierra, en que atrae todas las cosas hacia él. Efectivamente, en Jn 12, 32 se lee esta afirmación de Jesús: "y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí".

Es por eso que el bien y el mal, pueden ser vistos a la luz de la obra redentora de Cristo. Como insinúa san Pablo, la redención de Cristo afecta a la creación entera, en la variedad de sus componentes (cf. Rm 8, 18-30). En efecto, la naturaleza misma, sujeta al sinsentido, a la degradación y a la devastación provocada por el pecado, participa así en la alegría de la liberación realizada por Cristo en el Espíritu Santo.

Así pues, se delinea la realización plena del proyecto original del Creador: una creación en la que Dios y el hombre, el hombre y la mujer, la humanidad y la naturaleza estén en armonía, en diálogo y en comunión. Este proyecto, alterado por el pecado, lo restablece de modo admirable Cristo, que lo está realizando de forma misteriosa pero eficaz en la realidad presente, a la espera de llevarlo a pleno cumplimientoal final de los tiempos.

La última página del Apocalipsis, que se ha proclamado al inicio de nuestro encuentro, describe con vivos colores esta meta. La Iglesia y el Espíritu esperan e invocan ese momento en el que Cristo "entregará a Dios Padre el reino, después de haber destruido todo principado, dominación y potestad. (...) El último enemigo en ser destruido será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo los pies" de su Hijo (1 Co 15, 24-27).

Al final de esta batalla, cantada en páginas admirables por el Apocalipsis, Cristo llevará a cabo la "recapitulación" y los que estén unidos a él formarán la comunidad de los redimidos, que "ya no será herida por el pecado, por las manchas, el amor propio, que destruyen o hieren a la comunidad terrena de los hombres.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Perdónanos como perdonamos

Cuando alguien nos hiere y nos apegamos a esa herida no podemos amar. La sanación interior total sólo puede ocurrir, cuando perdonamos a aquellos que nos han herido, cuando entregamos por completo al Señor nuestras heridas del pasado. Sea cual sea la experiencia que has tenido, las heridas que hayas sufrido, Jesús quiere curarlas y sanar tu corazón roto.

Perdonar es el camino de la sanación, es dejar atrás la dureza que se tenía hacia una persona, abandonando los sentimientos negativos que abrigábamos contra esa persona. Perdonar es un proceso que dura toda la vida y se va recibiendo la gracia en cada momento. Perdonar no significa olvidar, enterrar, ignorar, reprimir, justificar, o excusar. Es recordar sin dolor, sin amargura, sin sentimiento de culpa o de vergüenza. Implica renunciar al deseo de venganza para colocarnos en el camino del amor. Perdonar libera la memoria y nos permite vivir en el presente, sin recurrencias constantes al pasado doloroso. "Usted se acuerda del frío del invierno, pero ya no tiembla porque ha llegado la primavera".

Juan Pablo II nos aclara, sin embargo, que el perdón, ciertamente, no surge en el hombre de manera espontánea y natural. Perdonar sinceramente en ocasiones puede resultar heroico. Aquellos que se han quedado sin nada por haber sido despojados de sus propiedades, los prófugos y cuantos han soportado el ultraje de la violencia, no puedes dejar de sentir la tentación del odio y de la venganza. La experiencia liberadora del perdón, aunque llena de dificultades, puede ser vivida también por un corazón herido, gracias al poder curativo del amor, que tiene su primer origen en Dios-Amor.

La inmensa alegría del perdón, ofrecido y acogido, sana heridas aparentemente incurables, restablece nuevamente las relaciones y tiene sus raíces en el inagotable amor de Dios, porque no fuimos creados para odiar sino para amar.

El perdón depende de la voluntad. Es algo independiente de sentir o no sentir. Me decido a perdonar aunque no lo sienta. Es una decisión entre dejar que las heridas del pasado me controlen y me hagan un egoísta, o dejar que, la paz y el amor del Espíritu Santo controlen mi futuro.

sábado, 30 de octubre de 2010

Mujer, reflejo de bendición

Las mujeres bendecidas, son bendición para la familia, los amigos, la comunidad, la Iglesia. Lo son, por sentirse amadas por Dios e instrumento de su amor para construir paz, la paz que sólo da Cristo. Son apoyo para sus seres amados y para toda empresa que conlleve al desarrollo social, cívico, solidario de la comunidad, y son el viento que impulsa a los otros a un mismo norte, porque al orar entre sus manos tejen el telar con hilos de paciencia y perseverancia, especialmente, orando por los miembros de su familia cuyos corazones aún no palpitan Trinitariamente.

Siempre son bendecidos los días de las mujeres que alaban a Dios, que en cada amanecer levantan su mirada al cielo y al anochecer dicen ¡Gracias Señor! y que se regocijan en la presencia de Dios con una fe activa, que esperan en Su providencia sin ser pasivas, aportando la oración y la acción en su labor en la sociedad, la familia, la iglesia, la comunidad.

En la Palabra de Dios desde hace muchos siglos ya se referían a la igualdad entre hombres y mujeres; Dios nos bendijo por igual a mujeres y hombres para cumplir un propósito, tenemos igual dignidad, igual filiación divina.

¿Has considerado el asistir a la eucaristía y dar gracias a Dios por ser una mujer bendecida por Él?, ¿Por qué no piensas que también sería bueno cantar el Magníficat?, este es el ejemplo que nos da María, la mujer más bendecida de generación en generación. O ¿Qué te parece orar por las mujeres más necesitadas, las que aún no se consideran bendecidas por Dios? A ellas hay que extenderles la bendición de Dios que existe, son nuestras hermanas.

¡Dios nos siga bendiciendo para ser bendición para los demás.

Fuente: Jaynes Hernández Natera

sábado, 23 de octubre de 2010

«Lectio divina»: meditación orante de la Sagrada Escritura.

El «Lectio divina» se remonta a los primeros cristianos. El primero en utilizar la expresión fue Orígenes (aprox. 185-254), teólogo, quien afirmaba que para leer la Biblia con provecho es necesario hacerlo con atención, constancia y oración. Más adelante, la «Lectio divina» se convirtió en la columna vertebral de la vida religiosa. Las reglas monásticas de Pacomio, Agustín, Basilio y Benito harían de esa práctica, junto al trabajo manual y la liturgia, la triple base de la vida monástica. La sistematización de la «Lectio divina» en cuatro peldaños proviene del siglo XII. Alrededor del año 1150, Guido, un monje cartujo, escribió un librito titulado «La escalera de los monjes», en donde exponía la teoría de los cuatro peldaños: la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Con esta escalera los monjes suben al cielo.

La «lectio divina» es una manera de entrar en diálogo con el Dios que nos habla a través de su Palabra.

Podemos representar gráficamente el itinerario de la «lectio divina» de esta manera:

LECTURA. ¿Qué dice el texto?
• Leer el texto de manera atenta y respetuosa.
• Detenerse (estar-reposar) sobre el texto.
• Descubrir el mensaje de fe.

MEDITACIÓN. ¿Qué me dice el texto?
• Ponerse ante el espejo de la Palabra.
• Interiorizar.
• Ahondar en la propia vida.

ORACIÓN. ¿Qué me hace decirle a Dios?
• Orar la Palabra: pido, alabo, agradezco, suplico…

CONTEMPLACIÓN.
• Dios se me da a conocer con la experiencia del corazón.
• Serenidad ante el misterio de Cristo.

COMPROMISO. ¿Qué camino de vida me invita a tomar?
• Ver la realidad con la mirada de Dios.
• Configuración con Cristo y vida en el Espíritu.
• Anuncio, compromiso y caridad.

sábado, 16 de octubre de 2010

La voz suave del Dios que llama

Dios llama. Ayer, hoy, y mañana. Hombres y mujeres se consagran. Sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos que dan un sí para siempre, sin condiciones. El mundo es distinto con cada respuesta, con cada entrega. Hay hombres y mujeres que quieren amar más, que reflejan, con su vida, que Dios es fiel, que Dios nos quiere con locura.

Cada vocación es un misterio. Dios sonríe y espera un sí libre, sincero. Quiere que le amemos, que le demos lo que somos, sin límites, sin condiciones. Quiere que seamos felices en sus manos, que confiemos, que sigamos sus huellas, camino del Calvario, hacia un Sepulcro vacío que nos habla de Vida y de Esperanza.

Dar un sí a Dios no es fácil si falta amor. Dios no subyuga con la fuerza ni con amenazas. Su voz es suave, discreta, respetuosa. Invita y calla, susurra y deja tiempo. Hay quien le sigue pronto, sin miedos, y hay quien retrasa su respuesta, meses, años, para seguir planes vacíos, proyectos huecos, fuera del sueño de un Dios bueno.

Cuando sopla el viento de la tarde, Dios espera. Quizá hoy un joven piensa, reza, y mira al cielo. Busca al Dios que lo buscaba, sueña en la voz que resonó un día dentro de su alma. Puede ser un momento decisivo. Puede ser el inicio de una nueva vida.

Otros esperan, cerca o lejos, el sí de cada nueva vocación. El silencio de la noche revela voces que rezan a Dios, como Cristo un día, para pedir que envíe más obreros, pues la mies es mucha, la cosecha está ya lista, el cielo tiene abiertas sus puertas con el triunfo de la Pascua.

No hay anuncio sin anunciadores. No hay salvación sin fe en el mensaje. Un mensaje que es llevado a todo el mundo a través de mensajeros frágiles y decididos, que escuchan la voz de Dios, en una tarde de silencios: “Ven y sígueme”...

Autor: Padre Fernando Pascual, L.C.

sábado, 9 de octubre de 2010

Dios es más grande que nuestros límites

Mi historia vocacional es la historia de amor entre Dios y yo. En mi propia historia descubrí como Ama Dios. Saberme profundamente amada por Él despertó en mí grandes deseos de conocerlo más y más; de pasar más tiempo con Él; de entablar intimidad con Él. Poco a poco Él fue ganando terreno en mí, y fue conquistando mi corazón.

Él empezó a cuestionar mis comodidades, así yo iba descubriendo insatisfacciones en mi interior. Nada de lo que tenía, ni de lo que había alcanzado me parecía lo suficiente. Yo quería más. Y ese más no lo encontraba en las cosas, en las personas. A nivel material tenía lo que me había propuesto y un poco más; superficialmente podía decir que lo tenía todo. Sin embargo me falta “un no se qué” que era importante para mi felicidad. Fue así que descubrí que sólo en Dios se podían colmar mis ansias de infinito. En la donación total de mi ser, en la actitud de servicio y de plena disponibilidad.

También, Él puso en mi corazón el cómo y el dónde. Viviéndolo para comunicarlo, como el Camino, la Verdad y la Vida, a través de los medios de comunicación social, particularmente dentro de la congregación de las Hijas de San Pablo (Paulinas). No fue que Él envió un Arcángel para que me lo comunicara, sin embargo, experimentaba una gran serenidad en mi corazón con respecto a esto que me hacía reconocerlo como el deseo de Dios en mí.

El seguimiento de Jesús no es fácil, pero, así son las cosas valiosas. Sin embargo, su Gracia viene siempre en ayuda de nuestra debilidad. Lo importante es decirle que sí, como María y como tantos otros, muy a pesar de nuestros miedos, mejor dicho, con todos nuestros miedos. Pues Él es más grande que todos nuestros límites.

Este periodo de mayor intimidad con el Maestro me ha conducido a la certeza de que Él siempre acompañara y dirigirá hacia sí, mis pasos. Sueño con pertenecerle totalmente. Y con que en mí se realice la segunda Encarnación del Verbo, como hace mucho tiempo lo vivió María. Por mis propias fuerzas es imposible, pero cuento con su gracia que se manifiesta con total plenitud en mi debilidad.

Simona Rosario, Novicia de las Hijas de San Pablo.
Primera Profesión Religiosa: Domingo 10 de octubre 2010 a las 3.00pm.
Parroquia San Antonio en Río Piedras – Puerto Rico.

sábado, 2 de octubre de 2010

La consistencia de mi vida espiritual

Tal vez sueñas con una vida en la que pudieses tener largos ratos de soledad para orar pero cuando tienes tiempo libre, lo malgastas en diversiones.

Posiblemente te sientas presionado ante múltiples ocupaciones y el deseo de tener tu vida entre tus manos. Ante todo no culpes a las circunstancias externas o a tus numerosos compromisos de tu falta de tiempo, sino toma conciencia de que es tu responsabilidad hacer la síntesis entre tu ser íntimo y tu ser para los demás.

Si todos los días tienes la experiencia del tiempo "desperdiciado" sin plan y sin libertad, si tienes dificultad para encontrar tu propia identidad porque vives disperso en la superficie de tu ser y experimentas el deseo de unificar tu vida en la presencia de ti mismo, en la acogida a los demás y a las cosas externas. En una palabra, deseas hacer la experiencia de Agustín en el momento de su conversión. El mismo dice que pasó entonces de la "distensión" a la "intención", de la dispersión a la unificación, del esfuerzo que dispersa al esfuerzo que concentra y unifica.


Solo en Jesucristo tu vida adquiere consistencia y solidez, en una palabra se unifica. Solo en Él encuentras tu unidad el día en que colocas tu centro de gravedad en Dios. Tu existencia logra entonces una estabilidad que echa raíces en la eternidad. No existe una receta práctica para unificar tu ser alrededor de la presencia de Dios. No se puede llegar a ella leyendo tres tratados como si se tratase de aprender el inglés en un par de meses.

No puedes pretender vivir en esta presencia de una manera habitual si no consagras largos ratos a estar en su presencia, esperando su visita y su voluntad. Es algo más allá de las ideas, de las palabras y de los sentimientos. Al mismo tiempo, sin que dependa de ti, te penetrará e invadirá esa experiencia del Dios sumamente cercano, y podrás decir con Mounier: "Mi única regla, es el tener continuamente, sin cesar, el sentimiento de la presencia de Dios".
Fuente: es.catholic.net

sábado, 25 de septiembre de 2010

Recreando el mundo a través del trabajo

Dios le llama a ser una buena persona y un cris­tiano comprometido. Y que esto lo podrá vivir, seguro, dentro de un camino vocacional específico. Si no es el de la vida consagrada ni el ministerial, será el de la vocación laical.

Desde una visión personalista y trascendente de la vida, creemos que toda persona está llamada a desarrollar en plenitud ese germen vocacional con el que nace, al servicio de los otros. Todas las personas tienen esta vocación común. Ya desde el principio Dios llamó a ser persona, creó al hombre y a la mujer. Dios también llama a cada persona a recrear el mundo a través del «trabajo». Dominad la tierra y sometedla (Gén 1, 28).

Es la relación con el mundo que circunda, con las cosas. La persona está llamada a ejercer una profesión, a hacer un trabajo donde se sienta útil y con el que colabore con Dios a re-crear y mejorar este mundo.

Por el trabajo la persona se convierte en «administradora» y «señora» de lo creado. Tan importante como el trabajo es el ocio, por el que se goza del senti­do de las cosas y de la técnica. El egoísmo, el pecado (Gén 3) puede convertir el trabajo en una esclavitud de uno mismo y de los demás.

Un oficio se puede aprender con más o menos esfuerzo. Construir una per­sona es algo para ir haciendo toda la vida.

La profesión no es la totalidad de la vocación, aunque muchos la reduzcan a ella.

http://pastoraljuvenilmty.org.mx

sábado, 18 de septiembre de 2010

Historia de mi Vocación: Hna. Maury Ibarra

Jamás había pensado en la posibilidad de que como mujer me podía realizar siendo religiosa. Tenía 27 años, finalizaba mi carrera universitaria, Contaduría Pública, cuando Jesús me tomó por sorpresa.

Asistía a la catequesis de Confirmación, con todos mis hermanos (somos 4 en total, 3 hembras y un varón) y cuando nos presentaron a nuestras futuras catequistas, 4 novicias del San José de Tarbes, yo llegue a preguntarme cuando las vi: ¿Qué pasa por la cabeza de una mujer para castrar su vida de ese modo? Nada más lejano de la verdad. La presencia de las hermanas comenzó a cuestionarme sobre el sentido de mi vida y lo que quería hacer con ella, o mejor que quería Dios que yo hiciera.

No fue fácil aceptar que Dios me pedía un compromiso más radical en mi vida; que no sólo debía participar en la parroquia, ser catequista, asistir a misa y comulgar casi a diario.
Dios me pedía la donación total de mi vida en servicio a mis hermanos, lo que contrastaba fuertemente con mis deseos y sueños: formar una familia, una hija, un apartamento, carro, viajes, etc, etc, etc. Pero Dios cuando te llama no se deja ganar en generosidad, y si tú en disponibilidad le respondes si, te entrega una maleta donde está todo lo necesario para caminar en su seguimiento.

En mi búsqueda vocacional me ayudaron muchas personas, ángeles que Dios puso en mi camino para mostrarme lo que Él deseaba para mí. Conocí a las hnas Paulinas en junio de 1998, participe en un retiro vocacional con ellas en agosto y sentí que era allí donde el Señor me quería: evangelizar con los medios de comunicación, usar dichos medios para el bien de las personas.

Inicié el aspirantado en enero de 1999. El 15 de marzo del 2003 hice mi primera profesión, y el 18 de septiembre del 2010 serán mis votos perpetuos, diré si a Dios de forma definitiva. Me siento muy feliz, comprendo que Dios desde entes de nacer te entrega una misión para realizar en el mundo, y que cada uno se puede realizar como persona, buscando concretizar aquello a lo que es llamado a ser desde la eternidad.

Hna Maury Ibarra, hsp

sábado, 11 de septiembre de 2010

Ser para los demás, ser para el mundo

En la vida estamos para ser y ser para los demás. No hay mayor felicidad que hacer algo útil por los demás, aunque sea muy sencillo, como una sonrisa, una mano amiga, una palabra esperanzada, un corazón acogedor. Es preciso formar hombres para los demás y con los demás. Para los demás porque no es para sí mismo sino para servir a la humanidad allí donde hay más necesidad con el fin de que se realice «la Mayor Gloria de Dios».

Ser para los demás significa estar en los lugares donde hay personas que no conocen a Dios ni a Jesucristo, para que le conozcan y amen más, donde hay almas pobres con hambre de conocer a Jesús, donde haya persecución por la promoción de la fe y la lucha por la justicia para defender los valores y criterios de Dios: la hermandad entre los hombres, la justicia, la libertad, el amor.

Ser con los demás, trabajando en comunidad con otras personas que desean dar su vida por la implantación del Reinado de Dios en este mundo. Esta es la dimensión más atrayente de la vida religiosa, el deseo de ‘ser para los demás’. No hay un religioso que sea sólo para sí mismo.

¿Cómo es posible ese ser para los demás?, ¿cómo puede el ser humano olvidarse de sí por el otro? Esto tiene que ver con la naturaleza más íntima del hombre, en la cual está impreso el amor, la inclinación natural y desinteresada del hombre hacia el bien, bien propio y bien del otro.

El paso previo de “ser para los demás” es tejer relaciones en la solidaridad entre nosotros. Las primeras comunidades cristianas comprendieron que las exigencias del amor se ven y se hacen realidad en las relaciones cercanas, con los que vivo y estoy. Es así que la comunicación, el encuentro, el diálogo y la solidaridad son los cauces únicos para crear auténticas relaciones, así la persona es aceptada y reconocida por lo que es y no por su color, su lugar de nacimiento o su status social.

Debemos tener presente que todo ser humano lleva en sí mismo dos exigencias: el "ser para" y el "estar con". En el fondo, es la exigencia de una ética: ser para los demás. Pero también de una mística: estar con el otro, con los demás, y, en definitiva, con el Otro. Es la experiencia inefable en la que nos jugamos el ser o no ser que nos acerca o nos aleja del que es nuestra memoria subversiva, nuestra fuerza y nuestra esperanza: Jesús de Nazaret. A Dios no lo encontramos sólo con razones. Porque hombres cargados de razones se han cargado a millones de seres humanos. A Dios lo encontramos en la coherencia ética, que nos humaniza, y desde la experiencia mística, que nos libera de nuestra inhumanidad y nos convierte en seres “para los demás y para el mundo”.

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Beato Santiago Alberione - Fundador de las Hijas de San Pablo (Paulinas)

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Beato S. Alberione